8/10/2006

Esta noche los perros
lloran de rabia y resentimiento
enfrente de mi ventana.
Anoche lloraban
con tanta desesperación
y tanto miedo
que ahogaban sus lamentos
ante la más mínima señal
sospechosa.

Abrí la ventana
y te llamé la atención.
Te dirigí la palabra,
tomé cuerpo
y pedí tu nombre.
Ese gesto rompió las amarras
de la indecisión y la soledad.
Promesas que nacen
En semillas de limón.






Veo la casa de la que me hablas
en tus ojos
y veo tu habitación y veo
tu cama
y deseo
que también sea mi cama
y el deseo
me alzó a la altura de tus ojos
y te besé.

Soy de los que siempre
recuerdan los sabores de los besos
los aromas de los perfumes
como señales que no se borran.

Reconozco ese sabor a vodka
y tabaco negro en tu boca.

Lo siniestro ha callado por esta noche,
no sin amenazar con el horror
de perder el nombre
y hacerte soñar con placer inquieto

Nos dimos un beso
uno sólo,
lo que podíamos darnos;
un número de teléfono.

Su mirada gris
inolvidable.

Nos separamos
esa noche
entre el humo,
la música y el gentío.

Un mundo de ensueño
en sus ojos
llenos de deseo.

Llevo a mi amor
en silla de ruedas
paseando por la ciudad,
al sillón de la reina
que nunca se peina,
lo llevaría también.

Quisiera saber
A qué altura está tu orgullo del suelo.
¿Cuánto,
cinco, diez centímetros de tacón?
Y saber
cómo me ves desde allí
a tanta distancia de mí.

Noche
de tejido azul
esponjosa y mullida
abierta
de par en par
la noche
con su luna blanca
desierta la calle
el cuerpo dormido.
Escribo
palabras mojadas
con la punta de la lengua
sobre su espalda.
Descansa.
No olvides mi nombre.
Un día te quise.

Escriba mi mano
la línea
que delimita sus contornos
y abra
los orificios
permitiendo a su respiración
llenar el vacío
de su interior.

La tarde. La caída del sol.
Cenit y ocaso de la incandescencia.
Espacio telepático entre los dos.

Adornos y frascos de perfume
en la repisa del lavabo,
tus muecas
cuando te afeitas.

Ningún sentimiento nuevo
que no sea
la intuición del mal
que se precipita sobre mí.

El cabaret es para mí
el lugar propicio
para conspirar.

En soledad.

Podría viajar
durante toda la noche
en esa aventura
en el vértigo
en la pasión desastre
de castigo y sacrificio.

Alcohol, soledad, risa
perfiles con los que dibujo.

De la destrucción
nacía la novedad.

Me imagino
pegando esparadrapos
sobre las palabras escritas,
cubriendo con tiritas
las llagas de la mentira
que expelen ese aroma nauseabundo.
Dibujando con tintura de yodo
sobre hinchazones y moratones
que produce
lo callado
sobre la piel.
Cerrando los discursos
con puntos
de sutura.
Y mientras escribo
acaricio con negligencia
los pespuntes de una camisa de seda
en un placer ligero y prenatal.

A unos pasos de ti
quedo fascinado.

Labios de rojo de vino
ojos de gata
cara de pera
las manos resecas
tus ojeras moradas.

Siguiendo el hilo de la ironía
te recuerdo tu sarcasmo.

Me hablas en otro lenguaje
que no es el mío;
te entiendo perfectamente, querida.

Eres mi América,
mi sueño transcontinental.

¿De qué manera
es posible entender
tu ausencia?

Veo con desinterés
pasar el tiempo.

Cigarrillos.

Tiempo perdido
que se deshilvana
delicadamente
y se esfuma por la ventana
en volutas de humo.

Hay cosas
que si tú no estás aquí
no funcionan ya más.

Se acerca
sin más seguridad que la costumbre.

Momentos en que
de noche
el ánimo
y el deseo que lo alienta
nos confunde
entre los comentarios
y las miradas
fugaces y desviadas.

Caí enamorado,
todo lo que quiero es
ser libre.

Espejo entre nosotros dos,
legítimos como hermanos,
amor interdicto
de melodía mortífera.

Fascinado por la maravilla
de la oscuridad
el grave tono de la obligación.

¿Qué es el amor?
Es el viaje
que iniciamos solos. El sol.

¿Qué es el mar?
Espejo
en pura línea transversal.
Perturbador.

El tatuaje de tu piel
es el nombre de tu amigo,
la malla que ciñe tu cuerpo
es dibujo del tiempo que pasa.

Para los amantes
está el mar siempre cerca
vecino el abismo
en que se pierden
en la locura de quererse.

8/09/2006

En su sueño, ella
te muestra todo.
Se llena de caricias
bajo el árbol
que deshoja
sobre su espalda.

Flor lejana
piel que espera
mis manos.
Flor cerrada
tatuada
con dolor
en el corazón.
Prueba de amor.
Arrogancia que teme
el castigo del envidioso.

Psicodérmicos poemas intro.
Cosquillas
con plumas de pato.

No te canses
espera un poco más
enamórame, sigue
dame
lo que ningún otro me da.
Espera
que me canse
de no encontrar
en nadie
lo que tú me ofreces
y temo perder.

Ha mordido ella
uno de los nervios
que palpitan
en mi cuello
sueña beber mi sangre,
se desvanece
en mi regazo extasiada
de placer barroco
y reconfortada por mi desidia
que no le exige más
que un momento a su entrega.

Tengo un nudo en la garganta.
En la estación
que me despide
de la infancia
y me lleva a un mundo
que yo he de hacerme,
mi padre me da su fuerza;
ese día él deja de fumar.
Mi madre me besa con dolor
y miedo
a perderme.
Yo marcho valiente
y con un desgarro.