6/08/2006

Resumidos los recuerdos en un sorbo de angostura.

Te hablo borracho
de licores destilados de lágrimas
que un hombre no ha compartido.

Recomidas las mucosas, heridas,
de ese hombre devorado por el llanto ácido
y el salitre de su deseo revenido.

Podríamos imaginarlo entregado en un abrazo a la muerte,
en su capricho de no mover ni un dedo,
en su apuesta a no ceder ni un ápice en su demanda.

Se le llama loco, si muere hoy,
por la pereza de vivir una y otra vez
una separación más.

Ese cobarde que se arranca los ojos,
se pone ciego, y echa a correr cuestabajo,
chillando como un niño loco y malcriado.

Le pedimos cordura,
y a su soga le pegamos cortesías
de papeles decorados con colorines y promesas,
que no llenan su estómago retorcido y ansioso.

Ni una mano de cal, ni caricias,
que sujeto a otra mano,
con cariño madura,
le lleva a un espejo donde reconocerse
en los ojos del amor que le sustenta.