Me deleito en acariciar tus costuras de vainilla,
cicatrices que separan mi cuerpo de tu inmenso vacío cerrado.
Paseo por las sorpresas de tu piel convertida en paisaje.
Las yemas de mis dedos se excitan,
mi boca desea tragarte.
A ciegas.
Las manos se alargan
para invadir el espacio que separa mi conciencia de tus sueños,
y llego a ser tú misma.
Mi amada hermana, mi envés.
La cara más dura y siniestra de mí mismo.
La loca risa de la muerte.
Eternidad de mármol.
Tiempo sin aire.
Nunca más oí una palabra.
Nada se hacía más presente.
Ella era,
entonces,
una cúpula de vapor de agua, iridiscente,
que estallaba en el momento en que yo le pedía su nombre.
5/23/2006
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Palma de Mallorca
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1 Comments:
vaya! que final tan sublime. Enhorabuena. :D
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