4/10/2006

La muerte se ha servido su primer plato;
en la noche en que nadie osaba resollar
extendí mi mano
y quise desvelar su rostro.
La oscuridad envolvía
a los hombres esa noche
en la que la esperanza, llena de espanto
dejó las almas vacías, sin aliento, secas
sin fe, sin sueños y sin cd4.
El horror mostró la verdad,
más allá del día en que la muerte
se cobra su presa
Suma un secreto en su caja de sorpresas;
no entrega acuse de recibo
y deja un post-it encargando la próxima cena.
No tiene rostro esa vieja
sólo un vacío espantoso y atractivo
sin embargo.
Ése es quizá su encanto.
Seca como una rebanada del día anterior
en su ausencia de sentido
uno se abisma
sin deseo, sin fe.
Suspiros de convaleciente
caricias de manos frías que consuelan
lo justo.
Abandónate, dice,
aquel que cruce este umbral
dice,
abandone toda esperanza.
Las imágenes que un día
fueron reclamo y señuelo
desprestigian el aire que llena tus pulmones
de deseo inventado.
Un último suspiro inhala el perfume del olvido
y llena de vacío ese cuerpo que no fue
más que una sombra
en un momento dado.
A las cinco de la tarde
se lleva la muerte
a los héroes
como merienda.