2/19/2006

No sigo las huellas que he visto marcadas sobre la arena
las observo borrarse con las olas.
Veo una línea de humo blanco desvanecerse en el cielo.
Una voluta de humo blanco. Anillos de prometida.
Y sólo creo en palabras cosidas de una en una,
verdades,
nacidas del magma de la inconsciencia, sólida cadena.
Lo más real, lo más duradero, lo mas cierto.
Cemento Portland, loctite, palabras de poeta.



Una bolsa de aire comprimido revienta en mi bazo.
Ríos de ácido se derraman en la barrica de mi estómago.
Pelotas de goma deforman mis venas.
El cuerpo desarrolla gestos y volúmenes a su antojo.
El cuerpo no retiene las palabras que balbuceo para hacerlo mío.
Los riñones se inflan .El hígado palpita.
Los labios de mi boca se rajan en contiendas de lo más banal.
Los miembros desorganizados juegan a darse bofetadas.
La palabra resuena hueca. Eructos de angustia. Vanos.
Ventosidades, rugidos metálicos.




Fuí a buscar la sombra que tú dejaste allí.
No encontré ni recuerdos.
No perdí más tiempo
y me largué del lugar en que nos vimos por última vez.
Sin saber ni qué ni quien era,
ni tú, ni yo.
Creí que jamás existimos.
El cuerpo me lo ha dicho:
estuve vacío sin ti.
Mi mirada no sostuvo más tu mirada
Y desaté mareas y rugieron mis tripas.
Se encargó el tiempo de poner a cada cual en su sitio,
y los cuerpos unidos una vez por velcro
se llenaron de sopor y hastío.
Dejaron de beber vientos y zigzaguear las caderas.
Las manos murieron de cansancio.
Los labios se cerraron cosidos
y pegados por lágrimas espesas.
La boca está cerrada,
el hígado se inflama para decir palabras amarillas.
Lo que creí una vez ser mi cuerpo evolucionó a rayas de lápiz
Anillos de casado. Volutas de humo. Agujeros de deseo.