1/16/2006

Soluciones extemporáneas a pie de pista de baile.
Revoluciones de caderas,
hombros que importan sobre si la carga de la noche
Mujeres que no son más que trazos de eyeliner,
rimmel y carmín
polvo de rubores de niño,
tacones que elevan su feminidad contestada
frente a machos que son hojas en blanco
perneras que se abren
en arcos tensados por el temor de su insostenible posición de firmeza.


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Entrando en pista.
Al abordaje de un espacio
donde se representa la mascarada de ser objeto de deseo para otro.
Entre copas de colores, manos que ansían tocarse.
Dejo de ser hombre como mandan los cánones
sacudo mi cuerpo y me propongo el juego del despiste.
No soy hombre ni soy mujer.
Porque mi ropa no me hace miembro de cofradía alguna.
Para ella
soy un hombre que confunde,
cuestiona su feminidad e interroga su deseo de mujer pintada en trazos de tinta negra
sobre sus párpados cansados
elevada en un altar sobre talones tensos.
Para los hombres
soy la cara siniestra de su deseo prohibido,
el camino errado de su cuerpo
sin seguro a todo riesgo.
El rival que avergüenza sus convicciones.