12/13/2005

En su mirada ausente, en su iris absenta,
en su reflejo,
perdido en sopas etílicas
y aromas aldehídicos,
en su más absoluta soledad.
La encuentro,
como la perla irregular que lastima mis pies, allá abajo.
En su pupila es ausente, su iris absenta.
Su recuerdo llega a mi boca en un regusto de angostura.
Maldita sea.
Su recuerdo llega a mis papilas con regusto a mala hierba.
Maldita, ella.
Apedreada con caramelos de violeta
y granizo de arroz hinchado.
Blanca como una muerta se despedía de mí para siempre.
Mi amor jamás pudo tomar forma en su seno.
Su salvación no podía ser engendrada por mi aliento.
Bebimos licores de infortunio y desencuentro.
Bailamos cogidos por la cintura.
Paseamos como un amor de postín y verbena.
Marchito su bouquet de narcisos amarillos.
Y manchado su delantal con el sudor de mi cansancio.
Ella . Maldita.
En su mirada ausente , en su iris absenta,
En su risa de loca de remate,
En su abandono sideral de amores que no podía tragar,
pedía que la sujetara,
y en mi soga se asía al tiempo que nos hundíamos
en noches de humo de tabaco negro.
Locos como enamorados que saben
la verdad de su imposible encuentro.
Yo, navaja suiza que acariciaba su mejilla,
Ella, pantys de nylon que se corrían en noches
de vértigo y desesperación.
Musa enferma que arraigó en mi hígado.
Perlas de bicarbonato y besos de regaliz.
Bailamos enajenados y locos,
a dos bandas.
Esa mujer fue en busca de hombres que nacieran
de su barriga canalla.
Y en su boca de coral de mar muerto,
sus labios salobres y sellados,
palpitaban sin poder decir nada.
Su vientre se abría con espanto en su vacío.
No pudo bailar más.
Y el vestido que elegí para ti, sobre tu misma cintura. Es verdad.
Lleno de quemaduras de colillas de Gitanes
Ha perdido sus lentejuelas de luna llena,
Y mis manos, ya no acarician más a mujeres.
Mi amor más antiguo,
mi amada más mentirosa.
La farsa más vanguardista y epatante.
Ella. Maldita.
Abrazará a sus hijos con olvidos
y manos muertas, que llevaron narcisos secos
al altar de sus mentiras.