lapersianaverde
12/18/2005
Puedo hablar de mister y miss nomeacuerdo.
Puedo, porque conozco a esos hombres y sé de esas mujeres.
Puedo hacer una oda a sus encuentros y a sus soledades,
puedo, porque sé de qué se adornan y sé como se miran a los ojos.
Podría hacer correr por sus venas de grafito, ríos de metales ardientes,
en sus alientos quemar aromas de noches de alcohol de mil colores.
Puedo hacerles balbucear palabras en sordina,
malentendidos
y hacerlos jadear con ansias
de hielo seco.
Pero cuando vuelvo a casa
no tengo ganas de hablar
de nada,
de nadie,
que no sea el esplín que tú,
que tu recuerdo,
que tus bailes salaces, y tu risa de loca me inspira.
Por eso;
Tú sabes.
Tú que aún estas despierto
cuando toda la ciudad esta cubierta por sábanas de cielo raso.
Sabes bien de qué te hablo.
Tu conoces bien el camino que te lleva a la cama.
Una hora cualquiera:00
Tu último deseo antes de entregarte al sueño.
De eso no se habla.
Nadie quiere saber de eso.
A eso, muchos le tienen miedo,
Y sin embargo, sabes lo que son capaces de hacer,
y de aguantar,
para,
una vez más,
poner en juego,
esta noche,
Una vez más.
Esta noche,
otra vez más.
En juego,
los tacones, sus corbatas.
Los iceberg de sus tragos ansiosos
son dados, que marcan la hora,
de apurar el juego,
la última mirada,
una última meada.
Y ya está,
ya está.
hh:00
el olvido que trae el sueño
suena un gong.
Un colacao
las llaves. Tu bolso.
Puedo, porque conozco a esos hombres y sé de esas mujeres.
Puedo hacer una oda a sus encuentros y a sus soledades,
puedo, porque sé de qué se adornan y sé como se miran a los ojos.
Podría hacer correr por sus venas de grafito, ríos de metales ardientes,
en sus alientos quemar aromas de noches de alcohol de mil colores.
Puedo hacerles balbucear palabras en sordina,
malentendidos
y hacerlos jadear con ansias
de hielo seco.
Pero cuando vuelvo a casa
no tengo ganas de hablar
de nada,
de nadie,
que no sea el esplín que tú,
que tu recuerdo,
que tus bailes salaces, y tu risa de loca me inspira.
Por eso;
Tú sabes.
Tú que aún estas despierto
cuando toda la ciudad esta cubierta por sábanas de cielo raso.
Sabes bien de qué te hablo.
Tu conoces bien el camino que te lleva a la cama.
Una hora cualquiera:00
Tu último deseo antes de entregarte al sueño.
De eso no se habla.
Nadie quiere saber de eso.
A eso, muchos le tienen miedo,
Y sin embargo, sabes lo que son capaces de hacer,
y de aguantar,
para,
una vez más,
poner en juego,
esta noche,
Una vez más.
Esta noche,
otra vez más.
En juego,
los tacones, sus corbatas.
Los iceberg de sus tragos ansiosos
son dados, que marcan la hora,
de apurar el juego,
la última mirada,
una última meada.
Y ya está,
ya está.
hh:00
el olvido que trae el sueño
suena un gong.
Un colacao
las llaves. Tu bolso.
Un flashback en una calada: se me viene a no se dónde, por no decir, se me viene a la cabeza, en fin, lo vine a decir: dónde va a parar el deseo de los hombres/de las mujeres; denso como la pulpa de la calabaza, una vez que llegado el fin de semana, hora h:00/día d, consumido el alcohol, agotado el dinero de los bolsillos, recalentados los bajos y con las bocinas en alto, se nos dan las tantas, se va uno para casa a reparar el motor, con la junta de la culata quemada, y un sábado más, derrengado, que no un martes, que no un lunes, no, ni se te ocurra, que no.
Sábado dd/mm/aa 02:00 h, ése es tu momento; el que te toca, entre tu semana de madrugones y cafés con leche aprisa. Mira, amigo: o los pillas bien, te lo sabes montar, o no hay nada que hacer hasta el próximo turno. Eso te lo tragas. Te lo despachan así, en dos palabras, te guste o no, te lo tragas cari, o no hay tutía. No sé si me explico, pero en todo caso, no tengo yo obligación de ser coherente ni consecuente, cuando todo lo que escucho y he de oír, me viene en mensajes encriptados y que he de tragar a bocajarro, y ojito con rechistar. Te hablo más tarde. Sms.
Sábado dd/mm/aa 02:00 h, ése es tu momento; el que te toca, entre tu semana de madrugones y cafés con leche aprisa. Mira, amigo: o los pillas bien, te lo sabes montar, o no hay nada que hacer hasta el próximo turno. Eso te lo tragas. Te lo despachan así, en dos palabras, te guste o no, te lo tragas cari, o no hay tutía. No sé si me explico, pero en todo caso, no tengo yo obligación de ser coherente ni consecuente, cuando todo lo que escucho y he de oír, me viene en mensajes encriptados y que he de tragar a bocajarro, y ojito con rechistar. Te hablo más tarde. Sms.
12/13/2005
En su mirada ausente, en su iris absenta,
en su reflejo,
perdido en sopas etílicas
y aromas aldehídicos,
en su más absoluta soledad.
La encuentro,
como la perla irregular que lastima mis pies, allá abajo.
En su pupila es ausente, su iris absenta.
Su recuerdo llega a mi boca en un regusto de angostura.
Maldita sea.
Su recuerdo llega a mis papilas con regusto a mala hierba.
Maldita, ella.
Apedreada con caramelos de violeta
y granizo de arroz hinchado.
Blanca como una muerta se despedía de mí para siempre.
Mi amor jamás pudo tomar forma en su seno.
Su salvación no podía ser engendrada por mi aliento.
Bebimos licores de infortunio y desencuentro.
Bailamos cogidos por la cintura.
Paseamos como un amor de postín y verbena.
Marchito su bouquet de narcisos amarillos.
Y manchado su delantal con el sudor de mi cansancio.
Ella . Maldita.
En su mirada ausente , en su iris absenta,
En su risa de loca de remate,
En su abandono sideral de amores que no podía tragar,
pedía que la sujetara,
y en mi soga se asía al tiempo que nos hundíamos
en noches de humo de tabaco negro.
Locos como enamorados que saben
la verdad de su imposible encuentro.
Yo, navaja suiza que acariciaba su mejilla,
Ella, pantys de nylon que se corrían en noches
de vértigo y desesperación.
Musa enferma que arraigó en mi hígado.
Perlas de bicarbonato y besos de regaliz.
Bailamos enajenados y locos,
a dos bandas.
Esa mujer fue en busca de hombres que nacieran
de su barriga canalla.
Y en su boca de coral de mar muerto,
sus labios salobres y sellados,
palpitaban sin poder decir nada.
Su vientre se abría con espanto en su vacío.
No pudo bailar más.
Y el vestido que elegí para ti, sobre tu misma cintura. Es verdad.
Lleno de quemaduras de colillas de Gitanes
Ha perdido sus lentejuelas de luna llena,
Y mis manos, ya no acarician más a mujeres.
Mi amor más antiguo,
mi amada más mentirosa.
La farsa más vanguardista y epatante.
Ella. Maldita.
Abrazará a sus hijos con olvidos
y manos muertas, que llevaron narcisos secos
al altar de sus mentiras.
en su reflejo,
perdido en sopas etílicas
y aromas aldehídicos,
en su más absoluta soledad.
La encuentro,
como la perla irregular que lastima mis pies, allá abajo.
En su pupila es ausente, su iris absenta.
Su recuerdo llega a mi boca en un regusto de angostura.
Maldita sea.
Su recuerdo llega a mis papilas con regusto a mala hierba.
Maldita, ella.
Apedreada con caramelos de violeta
y granizo de arroz hinchado.
Blanca como una muerta se despedía de mí para siempre.
Mi amor jamás pudo tomar forma en su seno.
Su salvación no podía ser engendrada por mi aliento.
Bebimos licores de infortunio y desencuentro.
Bailamos cogidos por la cintura.
Paseamos como un amor de postín y verbena.
Marchito su bouquet de narcisos amarillos.
Y manchado su delantal con el sudor de mi cansancio.
Ella . Maldita.
En su mirada ausente , en su iris absenta,
En su risa de loca de remate,
En su abandono sideral de amores que no podía tragar,
pedía que la sujetara,
y en mi soga se asía al tiempo que nos hundíamos
en noches de humo de tabaco negro.
Locos como enamorados que saben
la verdad de su imposible encuentro.
Yo, navaja suiza que acariciaba su mejilla,
Ella, pantys de nylon que se corrían en noches
de vértigo y desesperación.
Musa enferma que arraigó en mi hígado.
Perlas de bicarbonato y besos de regaliz.
Bailamos enajenados y locos,
a dos bandas.
Esa mujer fue en busca de hombres que nacieran
de su barriga canalla.
Y en su boca de coral de mar muerto,
sus labios salobres y sellados,
palpitaban sin poder decir nada.
Su vientre se abría con espanto en su vacío.
No pudo bailar más.
Y el vestido que elegí para ti, sobre tu misma cintura. Es verdad.
Lleno de quemaduras de colillas de Gitanes
Ha perdido sus lentejuelas de luna llena,
Y mis manos, ya no acarician más a mujeres.
Mi amor más antiguo,
mi amada más mentirosa.
La farsa más vanguardista y epatante.
Ella. Maldita.
Abrazará a sus hijos con olvidos
y manos muertas, que llevaron narcisos secos
al altar de sus mentiras.
Círculos de tiza que encierran elementos.
También, cápsulas de plástico que dan forma a sus aspiraciones.
Conjuntos y subconjuntos vacíos.
Globos de gas que elevan sus pompas.
Seres que se asimilan a un gran buff de vanidad y aburrimiento.
Alientos de desprecio que soplan pollas y lenguas que rastrean húmedas la estela de sus laceraciones.
Idólatras de un vestigio.
Retraídos fanáticos de un padre ausente que no les reconoce.
Horda de sordos y egoístas vanidosos.
¿En qué imágenes que asoman para hacerse señores de excepción?
¿A qué rechazan? ¿en que rincones se esconden?
¿No son conscientes de que su ánimo de reconocimiento se desdibuja en su abandono?
Sus vínculos se precipitan en aristas de ignorancia.
Sus disfraces no son capaces de ocultar la soledad y el desamparo en que han crecido.
Y sin embargo elevan peanas de cretinismo para hacer posible la imagen de sus sueños de grandeza.
Dejan en su desconsideración de saber de algo que les ha hecho y les ha deshecho.
Se reúnen en cenáculos de despojos en los que se entregan a sus vacíos con la ceguera de los que no ven allá abajo sus pies hinchados y errabundos.
Allá afuera hay un hombre descreído que duda.
En su soledad, elige caminos
de la manera más sorprendente
y persiste como un impertinente
por aborrecer la compañía de una mentira que lo ganaría,
y que al hacerlo público lo borraría de su deseo.
También, cápsulas de plástico que dan forma a sus aspiraciones.
Conjuntos y subconjuntos vacíos.
Globos de gas que elevan sus pompas.
Seres que se asimilan a un gran buff de vanidad y aburrimiento.
Alientos de desprecio que soplan pollas y lenguas que rastrean húmedas la estela de sus laceraciones.
Idólatras de un vestigio.
Retraídos fanáticos de un padre ausente que no les reconoce.
Horda de sordos y egoístas vanidosos.
¿En qué imágenes que asoman para hacerse señores de excepción?
¿A qué rechazan? ¿en que rincones se esconden?
¿No son conscientes de que su ánimo de reconocimiento se desdibuja en su abandono?
Sus vínculos se precipitan en aristas de ignorancia.
Sus disfraces no son capaces de ocultar la soledad y el desamparo en que han crecido.
Y sin embargo elevan peanas de cretinismo para hacer posible la imagen de sus sueños de grandeza.
Dejan en su desconsideración de saber de algo que les ha hecho y les ha deshecho.
Se reúnen en cenáculos de despojos en los que se entregan a sus vacíos con la ceguera de los que no ven allá abajo sus pies hinchados y errabundos.
Allá afuera hay un hombre descreído que duda.
En su soledad, elige caminos
de la manera más sorprendente
y persiste como un impertinente
por aborrecer la compañía de una mentira que lo ganaría,
y que al hacerlo público lo borraría de su deseo.
Resisto retenido en casa,
amarrado por riendas de ligazón antigua,
renegando desear más allá y otra cosa.
Retenido.
Resentido.
Revenido, repetido.
Reprimido.
Resumido en reprimendas y reproches.
Recogido. Retorcido.
Restringido y repudiado.
Recargado de rencores y remordimientos.
Arranco en rugidos de rabia,
porque me recomo y me rindo,
porque nada ni nadie me reconforta.
amarrado por riendas de ligazón antigua,
renegando desear más allá y otra cosa.
Retenido.
Resentido.
Revenido, repetido.
Reprimido.
Resumido en reprimendas y reproches.
Recogido. Retorcido.
Restringido y repudiado.
Recargado de rencores y remordimientos.
Arranco en rugidos de rabia,
porque me recomo y me rindo,
porque nada ni nadie me reconforta.
12/10/2005
No hay quien me aguante.
Lo digo con resentimiento y desesperación.
No hay quien me aguante,
quien me sostenga
Allí donde puse mis esperanzas, hubo una malla agujereada,
como el que escribe,
agujereado por una herida incurable.
Me dedico a la costura.
Y con elementos de sutura
coso el forro de mi piel sin caricias de madre.
Lo digo con resentimiento y desesperación.
No hay quien me aguante,
quien me sostenga
Allí donde puse mis esperanzas, hubo una malla agujereada,
como el que escribe,
agujereado por una herida incurable.
Me dedico a la costura.
Y con elementos de sutura
coso el forro de mi piel sin caricias de madre.
12/02/2005
Querida amiga:
Le escribo arrinconado en el water de mi casa.
Aquí me siento seguro,
soy el que quiero ser.
He robado rimmel y la laca de uñas,
y con ello le escribo estas letras.
Pocas palabras me bastarán,
para hacerle saber que desde que usted se fue,
comí de lata, acumulé basura,
arruiné mi tiempo,
descubrí placeres perversos, en su ausencia.
Me convertí en artista rencoroso,
hombre retraído y mentiroso.
Ladrón de retales de concupiscencia.
Ladrador salaz de mensajería instantánea.
Padre de flores de miga de pan.
Y en su lugar he encontrado,
La satisfacción loca de masturbar la sensible raíz de mis uñas de gato.
Le pido a usted,
En su razonable desconcierto,
acierte a olvidar mi recuerdo enfermo
Y encomiende por caridad,
a la armada de salvación,
derribar mi puerta cerrada.
E inaugurar mi exposición
de cuadros pintados con escobilla.
Le escribo arrinconado en el water de mi casa.
Aquí me siento seguro,
soy el que quiero ser.
He robado rimmel y la laca de uñas,
y con ello le escribo estas letras.
Pocas palabras me bastarán,
para hacerle saber que desde que usted se fue,
comí de lata, acumulé basura,
arruiné mi tiempo,
descubrí placeres perversos, en su ausencia.
Me convertí en artista rencoroso,
hombre retraído y mentiroso.
Ladrón de retales de concupiscencia.
Ladrador salaz de mensajería instantánea.
Padre de flores de miga de pan.
Y en su lugar he encontrado,
La satisfacción loca de masturbar la sensible raíz de mis uñas de gato.
Le pido a usted,
En su razonable desconcierto,
acierte a olvidar mi recuerdo enfermo
Y encomiende por caridad,
a la armada de salvación,
derribar mi puerta cerrada.
E inaugurar mi exposición
de cuadros pintados con escobilla.
Abre documento en blanco
documento sin título.
Hombre sin nombre
retazos de deseo,
recogido en su casa cerrada
sin visitas y sin vistas.
Ha llegado a su luz de escritorio
y mientras espera,
fuma cigarrillos de tiempo liados.
En el sostre de la cabeza, a oscuras,
una luciérnaga borracha parpadea
entre amapolas de opio y sueño.
Una sustancia densa que debajo del mar de su pantalla
infectada de virus azules,
empuja a la orilla de sus párpados.
En su intento de ver la luz.
A tientas y a locas,
dando palos de ciego resentido.
Ese punzón atraviesa las papilas de tu lengua
te raja las comisuras de la boca.
Palpita una paloma nocturna en el fondo de tu pecho
y en la garganta burbujea palabras incomprensibles,
espumas de salitre de playas de mar negro.
Ey , tu has visto a mi perro?
Has visto sus ojos?
Has visto su mirada de azogue?
Has encontrado a mi amo por la calle?
Has visto su dentadura de caninos afilados?
Has comprendido lo que esa mirada pedía?
Lo que su mirada perdida buscaba?
Has sido tu quién ha reclamado su nombre?
documento sin título.
Hombre sin nombre
retazos de deseo,
recogido en su casa cerrada
sin visitas y sin vistas.
Ha llegado a su luz de escritorio
y mientras espera,
fuma cigarrillos de tiempo liados.
En el sostre de la cabeza, a oscuras,
una luciérnaga borracha parpadea
entre amapolas de opio y sueño.
Una sustancia densa que debajo del mar de su pantalla
infectada de virus azules,
empuja a la orilla de sus párpados.
En su intento de ver la luz.
A tientas y a locas,
dando palos de ciego resentido.
Ese punzón atraviesa las papilas de tu lengua
te raja las comisuras de la boca.
Palpita una paloma nocturna en el fondo de tu pecho
y en la garganta burbujea palabras incomprensibles,
espumas de salitre de playas de mar negro.
Ey , tu has visto a mi perro?
Has visto sus ojos?
Has visto su mirada de azogue?
Has encontrado a mi amo por la calle?
Has visto su dentadura de caninos afilados?
Has comprendido lo que esa mirada pedía?
Lo que su mirada perdida buscaba?
Has sido tu quién ha reclamado su nombre?
12/01/2005
Hablaré del miedo desde el rincón donde me escondo asustado.
A veces, casi siempre resulta costoso comenzar una reflexión, porque con ella se nos revelan las más intimas angustias y las más insospechadas cortapisas a nuestro pensamiento consciente, una vez dispuestos a bucear, como podría figurársenos, en el océano ciego de nuestros insondables abismos, nos retiene una sensación asfixiante impidiendo que descendamos en búsqueda de perlas perdidas. Es el miedo, y la duda, la que como malos consejeros que prometen la seguridad de una imagen distorsionada a condición de la eternidad de un moderado dolor, nos disuaden de hacer ese gesto decidido y valiente, llamándolo loco, de rebelarnos y revelarnos nuestra más intima contradicción.
Fausto no usaba lentillas.
Pedro Picapiedra bailaba en el Rockola en tanga de pterodáctilo.
Wilma no sabía del deseo secreto de su marido. Era una abnegada troglodita tragona y tartamuda.
A veces, casi siempre resulta costoso comenzar una reflexión, porque con ella se nos revelan las más intimas angustias y las más insospechadas cortapisas a nuestro pensamiento consciente, una vez dispuestos a bucear, como podría figurársenos, en el océano ciego de nuestros insondables abismos, nos retiene una sensación asfixiante impidiendo que descendamos en búsqueda de perlas perdidas. Es el miedo, y la duda, la que como malos consejeros que prometen la seguridad de una imagen distorsionada a condición de la eternidad de un moderado dolor, nos disuaden de hacer ese gesto decidido y valiente, llamándolo loco, de rebelarnos y revelarnos nuestra más intima contradicción.
Fausto no usaba lentillas.
Pedro Picapiedra bailaba en el Rockola en tanga de pterodáctilo.
Wilma no sabía del deseo secreto de su marido. Era una abnegada troglodita tragona y tartamuda.

