11/07/2005

Toma un trago; pega una calada; tira una línea de lápiz.
No sé qué, no sé cuantos.
Siento rabia. Siento rabia de tener que venir aquí, a mi escritorio, para poder entenderlo, para poder no fugarme en escapadas de muerto. Aquí voy y me pongo a intentar ser, lo que no puedo ser de otra manera. Me lleno de rabia. De sufrir por reconocer mi pequeñez, mi obligación.
De tener que hacer para poder tener. Les parecerá ridículo, estúpido. Yo me jodo. He de refugiarme en palabras, sí, porque no tengo caricias. Por eso escribo. Porque me duele. Porque no sé nada. No sé dónde ir, ni adónde voy. Transito, medio muerto de miedo, medio muerto de dolor.
Me cago en Dios. Hoy he de decirlo. Ya Dios ha muerto. Hoy he de decirlo, sin miedo a que me parta un rayo. Bastante me ha jodido ya. Y hoy, erizado de frío y soledad, me cago en Dios. Porque no sabe quien soy, no me reconoce como hijo suyo, me ha abandonado. Siento esa rabia y ese dolor de no saber quién fue mi padre.
Tomo un trago, después vomitaré. Sea en palabras, en gemidos y jadeos.
Sí, sólo como nunca, sólo como siempre. Jamás se ha colmado, se colma, ese vacío no es de este mundo. Ese agujero absorbe fuerza, deseo, posibilidad. Deja nada. Eso es nada.