11/14/2005

Las manos se reservan caricias escondidas,
no dan su calor por temores que se guardan en los bolsillos.
Esa mujer no puede hablar,
su boca no puede abrirse ya más.
Ese hombre, no puede; penetrar.
Impotente, no puede.
Se arrancó los ojos para no saber.
El miedo lo hizo impotente.
La risa no habla por la boca de la verdad.
Está punteando. Cada vez, cadavérico, deja la mano muerta y ya sus caricias
perdieron la vez. No hubo que lamentarlo. Dejó de ser sensato.