lapersianaverde
6/15/2005
Digamos que quien escribe no hace más que, mientras raya con la punta de un lápiz, inscribirse como un ser deseante y pulsional. Sus marcas de grafito proponen puntos de suspensión en los que atar lazos que lo sujeten.
Se pierde camino de la letra, tacha, raya, marca. Esa angustia no encuentra salida desde su cuerpo si no es através de esa punta afilada. No se dice más que a sí misma.Porque no es hombre ni mujer; es angustia. Y si no hay más que angustia de castración, ¿qué pretende este lápiz? Escribe para dar forma, pero teme que esa forma lo atrape, lo de-forme, no quiere quedarse ahí, pretende seguir buscando una, otra, nunca es ésa. Y sólo en sucesión, en línea, palabra tras palabra goza de ser quien no se sabe, el que no toma lugar. Ni,ni ,ni...pero eso habla.
No sabe hablar de otra cosa. Se escribe a sí mismo. No ha tomado posición desde la que escribir porque no tiene lugar propio. No se sabe. Pero se escribe, se dice.
Este hombre no encuentra el lugar desde donde erigir una propuesta. Ha transitado por lugares de los que siempre fue ajeno y en los que siempre fue extraño.
Su cuerpo es el lugar en el que ha quedado encerrado. Es el espacio en el que se vuelca su dialéctica con lo ajeno. El vertedero de los dolores y de la frustración. No tienesolidez ninguna, ni fundamento y camina dejando un rastro de materia informe mientras se pierde borrándose a sí mismo. Se ha escrito en la superficie en la que desaparece.
Se pierde camino de la letra, tacha, raya, marca. Esa angustia no encuentra salida desde su cuerpo si no es através de esa punta afilada. No se dice más que a sí misma.Porque no es hombre ni mujer; es angustia. Y si no hay más que angustia de castración, ¿qué pretende este lápiz? Escribe para dar forma, pero teme que esa forma lo atrape, lo de-forme, no quiere quedarse ahí, pretende seguir buscando una, otra, nunca es ésa. Y sólo en sucesión, en línea, palabra tras palabra goza de ser quien no se sabe, el que no toma lugar. Ni,ni ,ni...pero eso habla.
No sabe hablar de otra cosa. Se escribe a sí mismo. No ha tomado posición desde la que escribir porque no tiene lugar propio. No se sabe. Pero se escribe, se dice.
Este hombre no encuentra el lugar desde donde erigir una propuesta. Ha transitado por lugares de los que siempre fue ajeno y en los que siempre fue extraño.
Su cuerpo es el lugar en el que ha quedado encerrado. Es el espacio en el que se vuelca su dialéctica con lo ajeno. El vertedero de los dolores y de la frustración. No tienesolidez ninguna, ni fundamento y camina dejando un rastro de materia informe mientras se pierde borrándose a sí mismo. Se ha escrito en la superficie en la que desaparece.
6/12/2005
En ese momento volvía a sentir la urgencia de la huída; hacia no sabe dónde, pero eso empuja a salir corriendo del cuarto dejando atrás todo como quede, desordenado y sucio. A veces decía en broma que un día dejaría la casa en la que vivía de alquiler, solamente por no fregar los platos que se habían acumulado tras varios días de desidia y abandono. Quizá al volver de su escapada, cansado y derrumbado, no encontrase cosa mejor que hacer que recomponer la casa y recoger los pedazos que quedaban de sí mismo. Volvería a barajar las piezas de ese puzzle que era su imagen y colocar alguna acertadamente en esa composición que era su vida.
Cuando algo no encaja o algo no lo encaja bien, siente esa punzada de angustia súbita y se siente impelido a escapar, a bajar a la calle, a correr, a correrse, a correr el tiempo.
Nada nuevo. Viejos vicios.
Deseaba que sonara el teléfono y que alguien tuviera algo para decirle, alguien que lo sacara del mutismo en el que estaba encerrado y le permitiera pronunciar palabras. Este hombre se resiste a dejarse morir; se puede decir también que este hombre desea vivir, que no quiere ser esa noticia macabra que cuenta cómo han encontrado un cadáver devorado por ratas rodeado de miles de bolsas de basura.
Este hombre decidió un día dejar de usar sus manos solamente para masturbarse y comenzó a tantear, agarrando un lápiz, a diseñar las líneas de fuga que quería perseguir. Se rascaba la cabeza a veces, con la afilada punta de ese lápiz que empezaba a significar para él la herramienta con la que construir un espacio donde habitar, y al quedarse en blanco como la cal de las casas del sur, se iba angustiado al sostre de los miedos y los temores. Pero rayaba, con fuerza arañaba el papel, lo llenaba de tachones y de promesas. Algo parecía no poder discurrir.
Se levanta, va al lavabo, se hurga los oídos con un bastoncillo; a la cocina, a la nevera, un yogur, la radio, el balcón, el sofá, el balcón, tabaco, tabaco, tabaco y sofá.
Ha escrito a lápiz, como le gusta, palabras de angustia y desesperación. No encuentra otras. Parece que no encuentra palabras que una atada a otra le permitan escapar de esa prisión de silencio y dolores.
Ahora, que si nos venimos a dar cuenta, se ha escapado ya. Éste dice que como quien no quiere la cosa algo le sale, empieza a correr lápiz en mano por encima del papel y venga, hasta un punto y se toma un respiro.
¿Será repetir demasiado la palabra lápiz si digo que corre por la calle con él sujetado a la oreja? Como si se acompañara de una mascota amarilla y negra. Ya no va solo.
Esa es la imagen con la que se lo ve cuando está de buen ver. Y esa podría ser la que daría gusto empezar a observar con más detenimiento. Ahí le cuesta arrancar. Pero se despereza con un saludo de un amigo que ha encontrado por casualidad pasando por la plaza de Santa Eulalia. Así le gusta porque le parece que por fin estuviera en un lugar querido, otro nuevo pero querido de siempre, que le hace sentir que le queda algo, que no está totalmente solo, hay un saludo, está la plaza.
Este hombre necesita encontrar otro con el que hablar. Y dejemos que ese otro que lo ha saludado antes, sea uno que tenga algo que decirle y que tenga su número de teléfono también.
Suena el teléfono.
El balcón. Una cita. Qué risa que da con el sol en la cara. Qué simpático. Poder salir a la calle a ver a alguien. Igual esta es una historia, y podemos continuar a escribirla[...]
Cuando algo no encaja o algo no lo encaja bien, siente esa punzada de angustia súbita y se siente impelido a escapar, a bajar a la calle, a correr, a correrse, a correr el tiempo.
Nada nuevo. Viejos vicios.
Deseaba que sonara el teléfono y que alguien tuviera algo para decirle, alguien que lo sacara del mutismo en el que estaba encerrado y le permitiera pronunciar palabras. Este hombre se resiste a dejarse morir; se puede decir también que este hombre desea vivir, que no quiere ser esa noticia macabra que cuenta cómo han encontrado un cadáver devorado por ratas rodeado de miles de bolsas de basura.
Este hombre decidió un día dejar de usar sus manos solamente para masturbarse y comenzó a tantear, agarrando un lápiz, a diseñar las líneas de fuga que quería perseguir. Se rascaba la cabeza a veces, con la afilada punta de ese lápiz que empezaba a significar para él la herramienta con la que construir un espacio donde habitar, y al quedarse en blanco como la cal de las casas del sur, se iba angustiado al sostre de los miedos y los temores. Pero rayaba, con fuerza arañaba el papel, lo llenaba de tachones y de promesas. Algo parecía no poder discurrir.
Se levanta, va al lavabo, se hurga los oídos con un bastoncillo; a la cocina, a la nevera, un yogur, la radio, el balcón, el sofá, el balcón, tabaco, tabaco, tabaco y sofá.
Ha escrito a lápiz, como le gusta, palabras de angustia y desesperación. No encuentra otras. Parece que no encuentra palabras que una atada a otra le permitan escapar de esa prisión de silencio y dolores.
Ahora, que si nos venimos a dar cuenta, se ha escapado ya. Éste dice que como quien no quiere la cosa algo le sale, empieza a correr lápiz en mano por encima del papel y venga, hasta un punto y se toma un respiro.
¿Será repetir demasiado la palabra lápiz si digo que corre por la calle con él sujetado a la oreja? Como si se acompañara de una mascota amarilla y negra. Ya no va solo.
Esa es la imagen con la que se lo ve cuando está de buen ver. Y esa podría ser la que daría gusto empezar a observar con más detenimiento. Ahí le cuesta arrancar. Pero se despereza con un saludo de un amigo que ha encontrado por casualidad pasando por la plaza de Santa Eulalia. Así le gusta porque le parece que por fin estuviera en un lugar querido, otro nuevo pero querido de siempre, que le hace sentir que le queda algo, que no está totalmente solo, hay un saludo, está la plaza.
Este hombre necesita encontrar otro con el que hablar. Y dejemos que ese otro que lo ha saludado antes, sea uno que tenga algo que decirle y que tenga su número de teléfono también.
Suena el teléfono.
El balcón. Una cita. Qué risa que da con el sol en la cara. Qué simpático. Poder salir a la calle a ver a alguien. Igual esta es una historia, y podemos continuar a escribirla[...]
Caí en la cuenta que estábamos deslizándonos por una pista falsa. Al pedirte que me des pistas, me apercibo de que lo que hago es continuar zigzagueando en un slalom mortal hacia una meta prescrita .
Me despistas de un camino trazado de antemano por alguien que no soy yo. Me señalas pistas alternativas, espacios por los que podría transitar y me ofreces información sobre los posibles obstáculos y retenciones que pudiera hallar en el trayecto.
Me despistas de un camino trazado de antemano por alguien que no soy yo. Me señalas pistas alternativas, espacios por los que podría transitar y me ofreces información sobre los posibles obstáculos y retenciones que pudiera hallar en el trayecto.
VERÓNICAS
Paños que recogen el rostro de la pasión. La expresión del deseo y de la angustia.
Restos de un banquete, rastros de un ritual privado que se hace expreso en esas marcas que han sido impresas en las telas.
Maquillaje, mascarada, impostura, mierda en la cara. Más allá no había nada.
Han sido gestos significantes para buscar un otro. Un grito de Munch estampado en la cara.
Nos permitimos sacar a la luz los restos de una práctica privada. No quedan más que huellas como testigos de lo que pasó.
En busca del último término en que se jugaba su prestigio, no halló gesto más sofisticado en la pintura, que embadurnarse de mierda la cara. Cosideró detenidamente las implicaciones que eso trae consigo. No tiene la más mínima trascendencia y eso lo hace útil para nuestros propósitos.
No quedan, no hubo cómplices, ni imágenes, ni nada que atestigue. No hubo espectadores ni voyeurs. No son necesarios en esta práctica. Sólo un cuerpo goza en esta acción, convocando en su circuito de goce los rostros siniestros de lo imposible.
Paños de Verónica que recojen el gesto de la pasión abandonada.
Si algo tiene que hacerse público de esa experiencia contra(-retro)sexual serán las telas embadurnadas de mierda que pintaba en el lavabo. Hiperespacio anal donde un espejo pone en evidencia la abyección de sí, en una gozosa sesión de fascino y retroproducción.
Al tirar de la cadena se dará por finalizada la actividad y, como artista en ciernes, se pro-pondrán en circulación como mercancías, y restos fetichizados de una transustanciación chamánica librada a solas en el lavabo.
Encuentro público de lo residual de una práctica privada en el espacio de lo social.
Otro momento performativo de la identidad y de la ubicación intersubjetiva.
Impostura, mascarada, mierda en la cara, de nuevo frente a otros haciendo patente las convenciones de lo social.
Paños que recogen el rostro de la pasión. La expresión del deseo y de la angustia.
Restos de un banquete, rastros de un ritual privado que se hace expreso en esas marcas que han sido impresas en las telas.
Maquillaje, mascarada, impostura, mierda en la cara. Más allá no había nada.
Han sido gestos significantes para buscar un otro. Un grito de Munch estampado en la cara.
Nos permitimos sacar a la luz los restos de una práctica privada. No quedan más que huellas como testigos de lo que pasó.
En busca del último término en que se jugaba su prestigio, no halló gesto más sofisticado en la pintura, que embadurnarse de mierda la cara. Cosideró detenidamente las implicaciones que eso trae consigo. No tiene la más mínima trascendencia y eso lo hace útil para nuestros propósitos.
No quedan, no hubo cómplices, ni imágenes, ni nada que atestigue. No hubo espectadores ni voyeurs. No son necesarios en esta práctica. Sólo un cuerpo goza en esta acción, convocando en su circuito de goce los rostros siniestros de lo imposible.
Paños de Verónica que recojen el gesto de la pasión abandonada.
Si algo tiene que hacerse público de esa experiencia contra(-retro)sexual serán las telas embadurnadas de mierda que pintaba en el lavabo. Hiperespacio anal donde un espejo pone en evidencia la abyección de sí, en una gozosa sesión de fascino y retroproducción.
Al tirar de la cadena se dará por finalizada la actividad y, como artista en ciernes, se pro-pondrán en circulación como mercancías, y restos fetichizados de una transustanciación chamánica librada a solas en el lavabo.
Encuentro público de lo residual de una práctica privada en el espacio de lo social.
Otro momento performativo de la identidad y de la ubicación intersubjetiva.
Impostura, mascarada, mierda en la cara, de nuevo frente a otros haciendo patente las convenciones de lo social.
VERÓNICAS
IMÁGENES QUE PRESUMEN DE VERDAD; PONEMOS EN CUESTIÓN LA FIDELIDAD AL ORIGINAL. NO PENSAMOS QUE EXISTA AQUELLO QUE SUELE LLAMARSE ORIGINAL EN EL SENTIDO QUE NO SABEMOS QUÉ REPRESENTA A QUÉ Y QUIÉN REPRESENTA A QUIÉN EN SEGÚN QUÉ MOMENTO.
QUÉ ACCION SEPARA Y CREA UN NUEVO SIGNIFICANTE QUE CIRCULA ENCADENADO Y CIFRADO.
PERFORMANCE PRIVADO
IMAGEN PÚBLICA
IMÁGENES QUE PRESUMEN DE VERDAD; PONEMOS EN CUESTIÓN LA FIDELIDAD AL ORIGINAL. NO PENSAMOS QUE EXISTA AQUELLO QUE SUELE LLAMARSE ORIGINAL EN EL SENTIDO QUE NO SABEMOS QUÉ REPRESENTA A QUÉ Y QUIÉN REPRESENTA A QUIÉN EN SEGÚN QUÉ MOMENTO.
QUÉ ACCION SEPARA Y CREA UN NUEVO SIGNIFICANTE QUE CIRCULA ENCADENADO Y CIFRADO.
PERFORMANCE PRIVADO
IMAGEN PÚBLICA
TRAYECTO
Mallorca en la fase del espejo.
Puente aéreo.
Construir un puente simbólico desde Mallorca hasta cualquier otro sitio en el mundo es una posibilidad que tenemos los que vivimos en esta isla, tanto como tenemos la posibilidad contraria que sería la de vivir aislados físicamente, separados de otros lugares y de otras gentes que nos devolvieran la mirada y nos dirigieran la palabra.
Unos llegan y otros se han ido, como ha sido así desde siempre y en cualquier lugar, aquí y en donde se nos ocurra decir; unos nos hemos instalado en la isla y otros han estado aquí desde siempre. Entre unos y otros ha existido un espejo de agua dividiéndonos a ambos a la vez que haciendo posible la aventura de atravesar esa pantalla liquida que nos separa y que nos deja vislumbrar una imagen confusa y distorsionada del otro que somos todos, al tiempo que refleja una ilusión de completud que nos fascina y mantiene cerrados a cal y canto como una persiana verde.
El otro nos invade cómo una afección que nos trastorna, nos enferma de alguna manera. Hace que sa nostra imagte parpadee con visos a extinguirse o transformarse en otra que nos indiferencie y nos desdiga de cómo habíamos creído ser hasta el momento y desde siempre.
Frente a ese temblor de angustia que nos provoca esa sola idea, algunos optan por no crear otra relación con el foraster que no sea la de imposición de su ideal del yo mallorquín y muchos que acomodados en sus posesions miran al otro a través de las rendijas de su persiana y piensan cómo hacerles pagar un buen precio por parar por ses nostres illes.
Mallorca en la fase del espejo.
Puente aéreo.
Construir un puente simbólico desde Mallorca hasta cualquier otro sitio en el mundo es una posibilidad que tenemos los que vivimos en esta isla, tanto como tenemos la posibilidad contraria que sería la de vivir aislados físicamente, separados de otros lugares y de otras gentes que nos devolvieran la mirada y nos dirigieran la palabra.
Unos llegan y otros se han ido, como ha sido así desde siempre y en cualquier lugar, aquí y en donde se nos ocurra decir; unos nos hemos instalado en la isla y otros han estado aquí desde siempre. Entre unos y otros ha existido un espejo de agua dividiéndonos a ambos a la vez que haciendo posible la aventura de atravesar esa pantalla liquida que nos separa y que nos deja vislumbrar una imagen confusa y distorsionada del otro que somos todos, al tiempo que refleja una ilusión de completud que nos fascina y mantiene cerrados a cal y canto como una persiana verde.
El otro nos invade cómo una afección que nos trastorna, nos enferma de alguna manera. Hace que sa nostra imagte parpadee con visos a extinguirse o transformarse en otra que nos indiferencie y nos desdiga de cómo habíamos creído ser hasta el momento y desde siempre.
Frente a ese temblor de angustia que nos provoca esa sola idea, algunos optan por no crear otra relación con el foraster que no sea la de imposición de su ideal del yo mallorquín y muchos que acomodados en sus posesions miran al otro a través de las rendijas de su persiana y piensan cómo hacerles pagar un buen precio por parar por ses nostres illes.
tsunami arrasa todo. Persona busca sentido,
y el cuerpo del otro que siempre lo dejó deliquidamente
se ha perdido en la marea.
Se busca sentido a todo esto.
Se busca desaparecido en la loca ola de angustia que nos arrasó ese día.
y el cuerpo del otro que siempre lo dejó deliquidamente
se ha perdido en la marea.
Se busca sentido a todo esto.
Se busca desaparecido en la loca ola de angustia que nos arrasó ese día.
Me puse a pensar si por alguna razón que se revelará en el tiempo, no habíamos acabado la relación bastante antes de lo que tardamos en empezar a hablar de ponerle fin. Tenía tanta confusión respecto a mis sentimientos que no sabía como mantener el tipo frente a ese tsunami de angustia. Y aún perduraban como contusiones y heridas en mi cuerpo las imágenes del dolor que nos había enredado en un juego absorbente y disparatado.
El personaje y yo mismo habíamos tenido nuestros más y menos durante dos años y medio aproximadamente, y mientras nuestro alrededor tiempo/espacio se reducía considerablemente.
Más se reducía aún mi capacidad de aguantar por más tiempo situación como ésa.
Ya para qué esperar más, se preguntaba la consciente en sus momentos más relajados del día, para qué posponer más aquella solución que tantas veces había vislumbrado y que como le tenía tanto miedo, nunca había intentado llevar a cabo.
Pensaba en algo así como en dique de sal frente a la playa. Veía colores chispeantes asomarse entre las rendijas de sus recuerdos. Aún no tenía nombre y veía su rastro de baba tras de sí. El miedo empezaba a hacerlo malo, tenebroso, ya podía morder otra vez.
El personaje y yo mismo habíamos tenido nuestros más y menos durante dos años y medio aproximadamente, y mientras nuestro alrededor tiempo/espacio se reducía considerablemente.
Más se reducía aún mi capacidad de aguantar por más tiempo situación como ésa.
Ya para qué esperar más, se preguntaba la consciente en sus momentos más relajados del día, para qué posponer más aquella solución que tantas veces había vislumbrado y que como le tenía tanto miedo, nunca había intentado llevar a cabo.
Pensaba en algo así como en dique de sal frente a la playa. Veía colores chispeantes asomarse entre las rendijas de sus recuerdos. Aún no tenía nombre y veía su rastro de baba tras de sí. El miedo empezaba a hacerlo malo, tenebroso, ya podía morder otra vez.
Bienvenido a tu nuevo escritorio
Superficie de teclas blandas y apetitosas
Que harán tu recreo, y tu trabajo mas fácil y agradable.
Dispones de hermosas formas de letras
y una colección de colores extensísima,
podrás correr con su ratón y sus cursores
correrte frente a su pantalla y descargar
en su mullido teclado
y ponerlo todo perdido//La escritura continua centelleando en la pantalla y corriendo
por la pizarra//
Ni la chispa vivificante del haiku.
Irritado a veces por el corrector
que no permite
ciertas formas y palabras
y te señala otras tantas que yerras.
Y resopla la bestia en la madrugada,
respira hondo y continúa escribiendo:
cibermonstruo de las profundidades abisales
de la letra
que surge a respirar y dejar el resuello
más hondo de su renuncia.
Superficie de teclas blandas y apetitosas
Que harán tu recreo, y tu trabajo mas fácil y agradable.
Dispones de hermosas formas de letras
y una colección de colores extensísima,
podrás correr con su ratón y sus cursores
correrte frente a su pantalla y descargar
en su mullido teclado
y ponerlo todo perdido//La escritura continua centelleando en la pantalla y corriendo
por la pizarra//
Ni la chispa vivificante del haiku.
Irritado a veces por el corrector
que no permite
ciertas formas y palabras
y te señala otras tantas que yerras.
Y resopla la bestia en la madrugada,
respira hondo y continúa escribiendo:
cibermonstruo de las profundidades abisales
de la letra
que surge a respirar y dejar el resuello
más hondo de su renuncia.
Cómo podía él relacionarse con alguien si dudaba siempre y tenía miedo de decirle al otro una palabra que podía separarlos y que los colocaba en una posición absolutamente real a los dos.
Hablar de sida en el momento de darle un beso se convertía a veces en un pensamiento que mucho antes de que pudiera ocurrirle, y con qué deseo lo esperaba ,lo abstraía de todos los otros pensamientos que habían pasado por su cabeza con respecto a él.
Se inventaba formas y jugaba con los estilos de las letras para poder expresarle al otro el deseo y el dolor que lo trastornaban.
Y como si éste fuese el muro de sus lamentaciones quería contarle.
Quería que resistiera todo eso, que escuchara comprensivo y sin mostrar temor lo abrazara. No podía esperar más a tener el cuerpo del otro a su alcance. El deseo de su cuerpo desbordaba abriendo las comisuras de sus labios.
Estaba pasando por uno de los momentos más difíciles desde ya hacía tiempo y no deja de sorprenderle lo que vuelve a repetirse periódicamente, como si fuese una estación monzónica en su estado de ánimo. Hasta tal punto que ya dejaba de prestar atención a lo que otras veces le había significado algo. Había encontrando algo en el armario un jersey amarillo que había sido de él. No encontraba nada más que señales que otro le había dejado.
¿es que se estaba volviendo loco o qué?
Las comisuras de sus labios ya estaban diciendo todo por él.
En este punto siempre despierto y percibo una sensación de haber dejado todo a medias. No llegas a saber con certeza a saber que podría haber sucedido soñando un rato más.
Hablar de sida en el momento de darle un beso se convertía a veces en un pensamiento que mucho antes de que pudiera ocurrirle, y con qué deseo lo esperaba ,lo abstraía de todos los otros pensamientos que habían pasado por su cabeza con respecto a él.
Se inventaba formas y jugaba con los estilos de las letras para poder expresarle al otro el deseo y el dolor que lo trastornaban.
Y como si éste fuese el muro de sus lamentaciones quería contarle.
Quería que resistiera todo eso, que escuchara comprensivo y sin mostrar temor lo abrazara. No podía esperar más a tener el cuerpo del otro a su alcance. El deseo de su cuerpo desbordaba abriendo las comisuras de sus labios.
Estaba pasando por uno de los momentos más difíciles desde ya hacía tiempo y no deja de sorprenderle lo que vuelve a repetirse periódicamente, como si fuese una estación monzónica en su estado de ánimo. Hasta tal punto que ya dejaba de prestar atención a lo que otras veces le había significado algo. Había encontrando algo en el armario un jersey amarillo que había sido de él. No encontraba nada más que señales que otro le había dejado.
¿es que se estaba volviendo loco o qué?
Las comisuras de sus labios ya estaban diciendo todo por él.
En este punto siempre despierto y percibo una sensación de haber dejado todo a medias. No llegas a saber con certeza a saber que podría haber sucedido soñando un rato más.

